Crisis en la UAEM: denuncian ruptura del diálogo por acciones unilaterales y presunta intervención externa

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El proceso de diálogo entre la rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y la Resistencia Estudiantil se fracturó en medio de acusaciones de desconfianza, acciones unilaterales y presuntas injerencias externas que, de acuerdo con el movimiento, terminaron por dinamitar un espacio que ya mostraba signos de desgaste.

La ruptura ocurrió tras una serie de hechos que elevaron la tensión en las mesas de negociación. Entre ellos, destaca el intento de ingreso de personal de seguridad a la Facultad de Nutrición para la instalación de cámaras de videovigilancia sin previo acuerdo con los estudiantes, lo que fue interpretado como un acto de hostigamiento y ruptura de compromisos básicos.


A este episodio se sumó un ambiente de creciente desconfianza. Desde días previos, las mesas ya se encontraban estancadas por la falta de respuestas claras de la rectoría, retrasos en la entrega de documentos clave y la negativa a garantizar condiciones mínimas de seguridad exigidas por el estudiantado antes de retomar actividades.


Sin embargo, para la Resistencia Estudiantil, el punto de quiebre va más allá de estos incidentes visibles. Voceros del movimiento han denunciado la posible filtración de información interna y la presencia de actores ajenos al proceso, lo que habría debilitado la confianza y contaminado el diálogo. Estas situaciones, aseguran, no sólo vulneran la autonomía del movimiento, sino que evidencian intentos por dividirlo y desarticularlo.


Incluso, durante el desarrollo de las negociaciones, estudiantes denunciaron presuntos actos de amedrentamiento, lo que contribuyó a la decisión de suspender las conversaciones de manera definitiva.


Desde la perspectiva estudiantil, el conflicto refleja una falta de voluntad real por parte de la rectoría para atender las demandas de fondo, entre ellas mejores condiciones de seguridad, transparencia institucional y mecanismos efectivos de justicia ante casos de violencia de género, en un contexto marcado por la indignación tras recientes hechos que han sacudido a la comunidad universitaria.


Lejos de tratarse de una postura intransigente, la Resistencia ha insistido en que su movimiento surge de una crisis legítima y profunda dentro de la universidad. Desde el inicio del paro —derivado de un clima de inseguridad y violencia—, los estudiantes han privilegiado el diálogo como vía de समाधान, pero bajo condiciones claras de respeto, certeza y cumplimiento de acuerdos.


Hoy, con el diálogo roto, el conflicto entra en una nueva etapa. La Resistencia Estudiantil ha reiterado que mantendrá su organización y movilización, al considerar que ceder ante condiciones opacas o presiones externas significaría traicionar las demandas de la comunidad universitaria.


El escenario deja en evidencia una disputa más amplia: la lucha por la legitimidad dentro de la universidad, donde los estudiantes reclaman ser escuchados no sólo como interlocutores, sino como actores centrales en la transformación de la vida universitaria.


Mientras tanto, la falta de una respuesta contundente por parte de la rectoría frente a los señalamientos de injerencia y hostigamiento mantiene abierta la crisis y profundiza la exigencia de un diálogo verdadero, transparente y libre de interferencias.

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