Más caro, pero no necesariamente mejor: el aumento al transporte público en Morelos abre el debate

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El aumento a la tarifa mínima del transporte público en Morelos, que pasará de 10 a 13 pesos a partir del 1 de julio, fue presentado por el gobierno estatal como parte de una estrategia de “modernización” del servicio. Sin embargo, el anuncio ha reactivado una discusión que lleva años acumulando inconformidad ciudadana: ¿por qué pagar más por un sistema que sigue siendo señalado por inseguridad, unidades deterioradas y falta de regulación?

La administración encabezada por la gobernadora Margarita González Saravia aseguró que el incremento estará ligado a la renovación vehicular, capacitación obligatoria de operadores y la incorporación de cobro digital. Incluso se anunció la creación de una Comisión de Modernización integrada por distintas dependencias estatales y representantes transportistas.

Pero para miles de usuarios, el problema no es nuevo ni únicamente financiero.

Un sistema señalado por años

En Morelos, el transporte público arrastra desde hace décadas críticas por unidades antiguas, malas condiciones mecánicas, sobrecupo y accidentes frecuentes. El propio gobierno estatal reconoció recientemente un “rezago histórico” en el sistema de movilidad.

Reportes periodísticos publicados este año revelan que alrededor del 45 por ciento de las rutas que circulan en la entidad ya son consideradas obsoletas o prácticamente “chatarra”.

Además, apenas la mitad de las unidades cumple con la revisión mecánica obligatoria, evidenciando problemas de supervisión y aplicación de la ley.

El debate se intensificó tras accidentes recientes, como el choque múltiple provocado por una unidad sin frenos en Cuernavaca que dejó 19 personas lesionadas y volvió a poner bajo cuestionamiento las condiciones reales del servicio.

El argumento de los transportistas

Los concesionarios sostienen que el aumento era inevitable. Desde marzo presionaban para elevar la tarifa incluso hasta los 15 pesos, argumentando incrementos en combustibles, refacciones y costos operativos.

Transportistas realizaron protestas y amagaron con movilizaciones en Cuernavaca para exigir una respuesta del gobierno estatal.

La narrativa del sector insiste en que el modelo actual ya no es rentable y que sin un ajuste tarifario no existe posibilidad de renovar unidades ni mejorar condiciones laborales.

Sin embargo, especialistas y organizaciones civiles cuestionan que históricamente los aumentos no se hayan traducido en mejoras perceptibles para la ciudadanía.

“Ni un peso más”: el enojo ciudadano

En marzo, colectivos y ciudadanos marcharon en Cuernavaca contra la posibilidad del aumento. Bajo consignas como “Ni un peso más”, denunciaron que las rutas continúan ofreciendo un servicio deficiente pese a los constantes compromisos de modernización.

Organizaciones sociales también señalaron que el incremento impactará directamente a trabajadores, estudiantes y familias que dependen diariamente del transporte público.

En ciudades como Cuautla y Cuernavaca, donde muchas personas deben tomar dos o más rutas al día, el aumento representa un golpe importante al gasto cotidiano.

Por ejemplo, un trabajador que utiliza cuatro pasajes diarios pasará de gastar 40 a 52 pesos al día; es decir, más de 300 pesos adicionales al mes.

El problema de fondo: concesiones y control político


Detrás de la discusión tarifaria también aparece otro tema históricamente polémico en Morelos: el sistema de concesiones.

Organizaciones ciudadanas han denunciado la existencia de miles de concesiones “congeladas” o utilizadas con fines de especulación política y económica.

Además, el llamado modelo “hombre-camión”, donde cada concesionario opera de manera individual buscando maximizar ingresos diarios, ha sido señalado como una de las causas del desorden vial, la competencia entre rutas y la falta de planeación integral.

Aunque el gobierno estatal promete recuperar el control institucional del sistema y reorganizar el transporte, persiste el escepticismo ciudadano ante una problemática que distintos gobiernos han prometido resolver sin resultados definitivos.

¿Modernización real o nuevo costo para el usuario?

El anuncio abre una pregunta inevitable: ¿el aumento realmente transformará el transporte público en Morelos o terminará siendo únicamente una carga más para los usuarios?

La respuesta dependerá de algo que durante años ha faltado en el estado: vigilancia efectiva, cumplimiento de compromisos y transparencia sobre el destino de los recursos derivados del incremento tarifario.

Porque para miles de morelenses, el problema nunca ha sido solamente cuánto cuesta el pasaje, sino cuánto arriesgan cada vez que suben a una ruta.

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