Cruzar la calle en el pueblo donde nacimos

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“Un pueblo no se mide por lo que construye, sino por cómo cuida a quienes caminan sus calles.”

Luis Bello Solís | Noticias en Tepoztlán

Hay un señor en Tepoztlán que cada mañana hace algo que su abuelo jamás habría imaginado: se detiene en la esquina, voltea a los dos lados, espera, calcula, y cruza casi a la carrera. Camina las mismas calles donde creció, donde jugó de niño, donde conoce a cada vecino. Pero hoy tiene que hacerlo esquivando.

Esquiva el auto que no frena, la moto que viene a toda velocidad y la cuatrimoto que no se detiene en el cruce. A su lado, una mamá lleva a su hija a la escuela y un joven va camino al trabajo. Todos hacen lo mismo: mirar, dudar, apurar el paso.


Tepoztlán ha crecido. Se ha modernizado, recibe visitantes, tiene más vehículos y más movimiento que nunca. Eso también es parte de su historia, y no se trata de lamentarlo. Se trata de reconocer que nuestras calles, angostas y empedradas, se hicieron para caminar, y que hoy las compartimos con muchas más ruedas que antes.


Por eso conviene recordar algunas reglas sencillas que benefician a todos:

• El peatón es lo primero. La Ley General de Movilidad y Seguridad Vial coloca a las personas que caminan en el primer lugar de la jerarquía de la movilidad. Quien va a pie es el más vulnerable, sobre todo los niños y los adultos mayores.

• No se rebasa por la derecha. Es una norma básica de los reglamentos de tránsito. En calles estrechas, un rebase por ese lado puede terminar en un atropellamiento, porque es justo donde caminan las personas.

• Respetar los límites de velocidad. Reducir la velocidad en un cruce cuesta unos segundos. No hacerlo puede costar mucho más.

• No estacionarse en doble fila. Obliga a peatones y conductores a maniobrar en medio de la calle, y casi siempre genera más tráfico y más riesgo.


Nada de esto es una crítica a nadie. La movilidad es una responsabilidad compartida: de quien maneja, de quien conduce una moto o cuatrimoto, de quien visita y de quien vive aquí. Todos hemos tenido prisa. Todos hemos pensado “nomás un momentito”. Pero ese momentito lo paga quien va a pie.


Tepoztlán puede seguir creciendo sin dejar atrás a quienes lo construyeron. Puede recibir a miles de visitantes y seguir siendo un lugar donde un abuelo cruza la calle sin miedo y un niño llega a la escuela sin sobresaltos. Tal vez no hace falta volver al Tepoztlán de antes. Bastaría con manejar, hoy, pensando en quién camina frente a nosotros.


La próxima vez que veas a un adulto mayor esperando para cruzar, frena. Es quien le enseñó el camino a este pueblo.


“Las calles son de todos, pero los pasos más lentos son los que más merecen nuestro respeto.”


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