[VIDEO] OCOTEPEC, DONDE LAS TRADICIONES DEL DÍA DE MUERTOS SIGUEN MÁS VIVAS QUE NUNCA


Autor: Jonathan Cortés | 8.Nueve | Noticias en Tepoztlán.

 

Entre campanas, ofrendas y cirios, este pueblo originario de Cuernavaca mantiene viva una tradición que une la memoria, la fe y el amor por quienes han partido.


Hay pueblos donde el tiempo parece detenerse para dar paso a la memoria. Ocotepec es uno de ellos.


Aquí, entre el repique de las campanas, rezos y ofrendas, las familias mantienen viva la esperanza del reencuentro con sus seres queridos.


Ubicado al norte de Cuernavaca, Ocotepec es uno de los pueblos originarios de Morelos que conserva con profundo arraigo sus costumbres y tradiciones, particularmente durante las festividades del Día de Muertos.



Una de sus expresiones más representativas son las llamadas Ofrendas Nuevas, dedicadas a quienes fallecieron durante el año y son recibidos simbólicamente por primera vez en sus hogares.


Estas ofrendas se distinguen por la representación del cuerpo del difunto, elaborado con sus prendas y calzado. En lugar del rostro, se coloca una calaverita de azúcar, acompañada de un sombrero o rebozo.


Alrededor se disponen flores, velas, frutas y alimentos que forman parte de esta tradición.


Otra de sus características es la cereada, una costumbre en la que vecinos, familiares y visitantes llevan cirios o velas a los hogares donde se colocan las Ofrendas Nuevas, como símbolo de luz para guiar el camino de las almas.


Esta riqueza cultural también ha sido motivo de reconocimiento.


El 2 de noviembre de 2014, la comunidad de Ocotepec recibió una copia del documento que acredita la inscripción de las festividades indígenas dedicadas a los muertos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.



Un acto simbólico que destacó el valor de las tradiciones que sus habitantes han preservado durante generaciones.


Para comprender el significado de estas costumbres, conversamos con Hugo Enrique Hernández Figueroa, rezandero y cronista de Ocotepec, quien explica la importancia de preservar esta tradición y el respeto que merece cada familia que recibe a sus fieles difuntos.


“Conmemorar a nuestros fieles difuntos es volver a recordar todas aquellas vivencias que tuvimos con nuestros seres queridos en vida; aquellos consejos, aquellas palabras que compartieron con nosotros.


Hoy nosotros los conmemoramos colocándoles una ofrenda monumental, la cual se representa en tres niveles.


En el nivel de abajo se tiende un petate y se coloca lo que le gustaba a nuestro ser querido en vida: lo que comía y bebía. Esto se coloca como un signo importante de ese acompañamiento y representa la vida terrenal.


En la parte posterior vemos una mesa donde se simula el cuerpo de la persona, lo cual representa la vida purgante, donde ya no vemos un cuerpo físico, sino un cuerpo espiritual; es decir, una nueva vida.


Finalmente, el ornato que se coloca, tanto en el cielo como en los adornos que están a su alrededor, depende mucho de si se trata de una mujer o de un hombre, y representa la vida triunfal”, explicó Hugo Enrique Hernández Figueroa.


Pero detrás de cada ofrenda también existe una historia, un recuerdo y una familia que mantiene presente a quien ya no está físicamente.


Es el caso de la señora Emilia, cuya memoria permanece viva entre sus seres queridos.


Su hija, Evelia Flores Gómez, nos abrió las puertas de esta tradición para compartir lo que significa preparar la ofrenda y esperar, con amor y devoción, el regreso simbólico de su madre.


“Soy una de las hijas mayores de la señora Emilia. Aquí se acostumbra que, cuando alguien muere, le llaman ‘cera nueva’.



Nos preparamos para recibir a quienes vienen a visitarla. En este caso, ofrecemos comida, café y pan. A ella le ponemos lo que le gustaba: mole, fruta y toda su ofrenda.


Se hace una representación de ella, se coloca su ropa y sus zapatos, y se espera durante toda la noche.


Al día siguiente, llevamos al panteón toda la cera que recibimos, donde compartimos con sus familiares, amigos, conocidos y compadres”, relató Evelia Flores Gómez.


En Ocotepec, el Día de Muertos es mucho más que una celebración. Es una forma de mantener presentes a quienes dejaron una huella imborrable en la vida de sus familias.


Porque aquí, entre el aroma de las flores, la luz de los cirios y el sonido de las campanas, los recuerdos se convierten en una manera de seguir compartiendo con quienes han partido.


Y mientras exista alguien que los recuerde, su memoria seguirá viva.


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